Como ya conté ayer, Arthas me estuvo esperando unos tres años a que fuera a patearle del trono. Hoy, aún con el subidón, me he replanteado mi vida. Y es que, al paso que iba, Alamuerte me iba a esperar otros tantos años. ¿Ése es el tipo de heroína que quiero ser? ¡No! Así que agarré a Zepham de las orejas y me fui a buscar algún grupo de valientes... y buenas personas dispuestas a entrenar y curtir en batalla a una bruja novata. Por suerte parece que esa gente aún existe.
Y ahora, puedo decir, toda orgullosa:

Bueno, es un comienzo, ¿no?
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